Los usuarios del huerto urbano dejan en segundo término lo que para los agricultores profesionales es más importante como minimizar el tiempo dedicado y aumentar la productividad.

Para nosotros lo que pasa a riguroso primer término, es la ilusión de comer lo que uno mismo ha cultivado, la diversidad de la producción, y el valor didáctico y creativo de la actividad.................. A disfrutar


12 octubre 2007

El corazón del huerto ecológico

La conversión en compost de los residuos orgánicos es una técnica conocida y de fácil aplicación, que permite obtener un fertilizante de manera racional, económica y segura, a partir de diferentes residuos orgánicos y conservar y aprovechar los nutrientes presentes en estos residuos.
Puede definirse el compost como el producto que se obtiene al someter la materia orgánica a un proceso de fermentación aerobia que la transforma en una mezcla estable, lo más homogénea posible y que guarde una relación entre sus componentes que le confieran un buen valor agronómico.
La estabilización de la materia orgánica se consigue por la oxidación de las moléculas complejas que se transforman en otras más sencillas y estables. En este proceso se desarrolla calor que, al elevar la temperatura de la masa, produce su esterilización la eliminación de agentes patógenos y semillas. La fermentación de la materia orgánica comporta, de una parte, degradación o descomposición y, de otra, reajuste o síntesis de nuevos productos.
El proceso lo llevan a cabo los microorganismos (bacterias y hongos), y nuestra intervención se limita a proporcionar las condiciones idóneas para que el proceso se realice con la máxima rapidez y eficacia. Los factores que dificultan la vida y desarrollo de los microorganismos son causa de entorpecimiento del proceso.
Los materiales para transformar en compost pueden ser variados: césped cortado, cenizas de leña, estiércoles, plumas, hojas de árboles, periódicos y los desperdicios de cocina y del huerto.

Casi todos los residuos orgánicos, que tienen su origen en los seres vivos, tanto animales como vegetales, pueden ser transformados en compost. Se generan en la cocina de las casas como consecuencia de la elaboración de comidas: desechos como pieles de frutas o restos de verduras, despojos de animales, alimentos que se han echado a perder, restos de comida no consumida, etc.

Es aconsejable mezclar los restos de siega de césped con otros restos de jardín, a fin de esponjarlos. Las ramas mayores de 1 cm de diámetro deberían pasarse por un triturador, pero si su tamaño excede de 5 cm su mejor destino es la barbacoa. También pueden agregarse restos de cocina tales como trozos vegetales, posos de café y cáscaras de huevos. El serrín, papeles y periódicos, pajas y otros productos pueden añadirse si se aplica nitrógeno adicional.

Las hojas caídas de los árboles tienen un contenido muy alto en carbono. Los restos de césped son generalmente altos en nitrógeno, y mezclados adecuadamente con las hojas aumentará el ritmo de la descomposición de ambos porque los microorganismos requieren una cierta cantidad de nitrógeno para su desarrollo. Los materiales con mucho carbono y poco nitrógeno, como paja, serrín, papeles, hojas secas, etc. se descompondrán lentamente a menos que se agregue nitrógeno.
Los excrementos de aves de corral, estiércol o restos de comida son fuentes de nitrógeno que también se pueden usar. Los restos de comida aportan además de interesantes cantidades de nitrógeno, otros elementos como fósforo y potasio.
Cantidades relativamente pequeñas de cáscaras de huevos, estiércol y restos varios de comida son ideales para el aporte de alimento a los microorganismos.
Algunos materiales pueden suponer un riesgo para la salud o crear una molestia y, por lo tanto, no deberían usarse para hacer compost doméstico. Los excrementos humanos no pueden recomendarse porque pueden transmitir enfermedades. La carne, grasa, huevos enteros y los productos lacteos no deberían agregarse porque pueden atraer roedores.
Se deben evitar en la medida de lo posible las plantas tratadas con herbicidas o pesticidas, aunque en pequeñas cantidades no serán inconvenientes, siempre y cuando se mezclen debidamente y se permita la descomposición completa.
Hay mucha materia orgánica en los jardines y huertos de sus casas, que es ideal para obtener un buen compost, que servirá de abono fertilizando el suelo, incluso en climas verdaderamente secos.
Podríamos definir el compost como el corazón del huerto ecológico. Una vez que se agrega superficialmente sobre el terreno, contribuye, al igual que el humus, a conservar la estructura del suelo y a reconstituir su flora microbiana. El compost agrega alimentos y materia orgánica al suelo, aumentando su capacidad de retener aire y agua. Grandes cantidades de compost se pueden aplicar al suelo en cualquier momento ya que no quema las raíces de la planta.
Desde que se inicia la descomposición de la materia orgánica hasta llegar a la estabilización, los microorganismos que protagonizan el proceso son muy variados, y cada tipo de microorganismos actúa como especialista, que degrada específicamente cada uno de los componentes de los residuos. Sin entrar en acción todos a la vez, la distinta población bacteriana se sucede en etapas, de manera que, al acabar una su actividad, la inician los de la fase siguiente. Cualquier factor que demore o entorpezca la actividad de esos microorganismos demorará también el proceso de compostaje.
Para la obtención en casa de compost de buena calidad podemos utilizar algun compactador domestico.
El equipo de compostaje debería colocarse cerca de donde se vaya a utilizar, y donde no interfiera con actividades del jardín o del propio hogar o moleste a los vecinos. Es mejor colocar el equipo resguardado de la vista de nuestra propiedad y de la de los vecinos. Es importante que esté resguardado del viento por el efecto secante que puede producir y en semi sombra para ayudar a calentar la pila y mantenerla húmeda a la vez. Cuanto más expuesto al viento y al sol esté, más agua necesitará. Ubicarlo demasiado cerca de los árboles puede crear también problemas ya que las raíces pueden crecer hacia el fondo de la pila.
Se apilan los residuos orgánicos hasta hacer una capa de unos 30 cm de alto. Los residuos deben ser mojados y mantenidos húmedos, pero no empapados. Una fuente de nitrógeno debe ponerse en lo alto de esta primera capa. Sobre esta capa coloque unos 3 cm de tierra o compost acabado para asegurar que la pila se inocula con microorganismos. Continuamos con esta tónica hasta llenar el recipiente. Transcurridos unos dos meses desde el inicio del proceso podremos empezar a sacar compost acabado por la parte inferior de su compostador.

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